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Haciendo Patria

Bueno, un poco de mucho, y mucho de muy poco; en definitiva, opiniones que le hacen bien al mundo...

Nombre: Huemulsabio
Ubicación: Playa Ancha, Valparaíso, Chile

No hay mucho que contar de mí.Aunque estoy lejos de mi familia nos adoramos, tengo muchos amigos a quienes quiero con el corazón, y un par de hermanos por ahí a quienes amo con toda el alma. Mis otros grandes amores son Dios, mi Puerto, mi Patria y mi futura profesión, la Medicina.

miércoles, octubre 05, 2005

(...), sí, claro, muchas gracias...


Nada hay más lindo y virtuoso que vivir en la copia feliz del Edén. Yo mismo debo confesarme con ustedes y comentarles que, luego de Dios y mis seres queridos, es mi Patria el objeto de mi profundo amor; y es un poco lo que nos dijo Pablo en ese poema que, probablemente, muy pronto comentaremos: las mujeres se van o se quedan, la tierra siempre nos ofrece sus frutos (Aún así amamos más a las mujeres)... Claro que, querámoslo o sí, no todo es tan bello; aunque ¡OJO!, no le echemos a Chile la culpa de ser chilenos.
Analizar la idiosincrasia de nuestro pueblo, tan especial y diferente (Pintoresca, digamos), no es tema que pueda, ni deba, tratarse a cablidad en una publicación de un Blog, pero si vamos viendo -de a poquito- rasgos de nosotros mismos no estaremos cometiendo, a mi juicio (que, les aseguro, no está ni cercano al mejor), ningún pecado. Aún así, creo que nadie nos ha definido mejor que el maestro Fernando Rosas, gran director de Orquesta de nuestro país, cuando, teniendo que empezar un concierto a las siete lo comenzó cerca de las ochao ya que las personas esperaron el último minuto para comprar las entradas, se disculpó diciendo: -"Dios es chileno, y los chilenos somos raros..."
Lo que todos no aceptan es que los chilenos somos un pueblo muy olvidadizo y malagradecido. Basta con el pasar de un par de años y nos olvidamos de nuestra gente, de nuestras tradiciones, de nuestras raíces, lo que nos lleva a no agradecer cuando es debido. Consecuencia de todo esto es el famoso "Pago de Chile" de la gente más antigua y los discursos fúnebres que buscan emocionar a los deudos con palabras que debieran habérselas dicho al difunto cuando aún no lo era. Y aunque hay ejemplos como para exportar, nunca está demás refrescarnos la memoria:
Nuestra mala memoria me conmueve. ¿Hace cuánto fue que nos volvió loco el "Chupacabras"; que se hicieron poleras, gorros, programas televisivos y hasta cuecas ("Dicen que el chupacabras/ salta las moras/ y si usted se descuida/ le va a chupar la señora")?. Creánme, no hace tanto y quién de nosotros se acordó del Piuchén, quién fue capaz de agraadecer a los chilenos del pasado que nos dejaron el recuerdo de esa bestia. Como todos no sabemos, de un huevo de gallina empollado por una culebra nace una bestia que salta tan alto que debe tener alas, que rasguña tan fuerte que debe tener garras y que desaparece por períodos tan largos de tiempo que, seguramente, se irá a dormir largos años a la Cordillera: el Piuchén. Y si estaba en nuestros memoriales, por qué no salió a colación cuando se le confundió con algo como marciano que se llamaba chupacabras... ¡Qué ofensa para él que lleva siglos atacando ganado, cada 15 o 20 años, dejándolos secos, sin sangre y con sólo dos marcas en el cuello!, en Petorca y el resto de la zona central jamás debieron olvidarse de él. Pero si hasta sabemos cómo ahuyentarlo; los vecinos deben salir con noche a las calles haciendo sonar cuernos de bueyes de forma tal que no quede un centímetro de la localidad en que no se escuche ese ruido que el monstruo tanto odia. Un par de noches con ese prosedimiento y listo, el Piuchén se habrá ido. ¡Es el colmo, cómo haberlo olvidado...!
Y qué me dicen ustedes de lo ocurrido en el Baltimore. ¿O acaso me van a decir que no se acuerdan de aquel barco (era gringo) que llegó, como tantas otras veces, a Valparaíso en busca de otro "Barrio Chino" en su camino?. Seguro que se acuerdan de ese yanqui prepotente que se quiso pasar de listo con una chiquilla del Puerto que no era de mal vivir (¿Por qué se le dirá "mal vivir" si dicen que se pasa tan bien?) y uno de los nuestros lo dio vuelta de un trompazo. Enfurecido, el marino se paró para volver a caer al suelo con un segundo golpe; entonces se meten todos lo gringos contra un chileno, los locales no aguantan la desigualdad y ayudan, vamos sacando los cuchillos y...Resultado: Dos marineros y un oficial, norteamericanos los tres, muertos por cuchillo contra un chileno más o menos grave que se puede recuperar. Y rápido corren los oficios por el Consulado y vamos castigando a Chile. En el mismo año (1891, ¡Qué año!) obligan a un buque chileno a detenerse en la costa de E.E. U.U. Carlos Peña, uno de los tripulantes, es obligado a bajar nuestra bandera mientras se escuchaban los sones del himno nacional gringo. Carlos Peña decide, baja la bandera chilena, toma su arma y se mata de un tiro. ¿Se le ha agradecido alguna vez a Carlos Peña el haberle enseñado a los Norteamericanos cómo somos los chilenos?, si sé que la respuesta es no, y el motivo es que nunca nos acordamos.
Tampoco se le dio las gracias al capitán Middleton, de la Armada Nacional, quien el 10 de Octubre de 1906 escribió al Mercurio de Valparaíso que "el Departamento de Meteorología y Movimientos Sísmicos de la Armada de Chile pronosticaba un terrible terremoto para seis días más por sobreposición de la Luna con Neptuno, y máximo ángulo de distención de esta". Ningún porteño olvidó jamás el terremoto que destruyó Valparaíso el 16 de Octubre de 1906. La gente común claramente no leía el diario pero, los que lo leyeron (Que no creyeron un huevo), ¿Agradecieron al capitán por habernos avisado?: No, por supuesto que no, ése es el pago de Chile...
¿Recuerda uno y le agradece a Emilio Dubois su gran aporte a los chilenos? ¿Se le agradece por recibir y cumplir tantas peticiones de fieles que no lo olvidan? ¿Se le piden disculpas por olvidarlo tanto mientras no se le está pidiendo nada?, no poh, justamente por olvidarlo tanto. No olvidemos que el mismo presidente Montt -después de exclamar que "ese francés se muere en Chile"-, murió en la misma Francia antes de terminar su cargo, al igual como falleció el que fue su sucesor. ¡Insensatos!, cómo han podido olvidar al primer asesino en serie que alborotó Chile, es una vergüenza...
Y para qué hablar de los profesores de Francés (saludos Chichi): años de sacrificio, de estudios, viajes a Francia para aprender y luego enseñar el lenguaje más (después del nuestro) apasionado y elegante. Vemos ahora en cambio que los pocos colegios donde hay profesores de Francés lo más probable es que los estén haciendo cumplir con cualquier otra labor. Eso no puede ser, ahora nadie va a saber hablar francés, es una lástima...
Recuerden, estimados, los ejemplos que les he dado y los que ustedes han vivido. ¿Cuántas veces han hecho o les han hecho una desconocida?, ¿Cuántas veces los han olvidado o se han olvidado de alguien y por lo mismo no han podido decir gracias?, ¿Cuántas veces hemos dicho "Gracias por todo" muy tarde (Aunque, sinceramente, nunca es tarde)?
Pidámosle disculpas entonces al Piuchén, a Carlos Peña, al capitán Middleton, a Emilio Dubois, a los profesores de francés y a muchas más personas que han sido grandes bienes para nuestra vida y la del país y a los cuales debimos decirle gracias a tiempo y nunca olvidarlos. Ahora, con los que todavía podemos hablar, que no sea necesario estártelo recordando; que no tengas que decir obligadamente: "Ah, sí, claro, muchas gracias..."

domingo, octubre 02, 2005

Una conversación en la antigua cantina...


Una tarde rosada iba yo de vuelta a mi casa después de una agotadora jornada en la Universidad cuando ocurrió: En una calle de San Felipe que comúnmente transitaba veo una muy vieja cantina. No es que San Felipe sea tan (pero tan, tan) chico, pero no haber distinguido una cantina que parecía estar en el mismo lugar desde hace muchos -muchísimos- años no es algo que pase muy seguido.
Casi instintivamente desaligeré el paso con el único fin de mirar a los clientes (valientes hombres) que se atrevieran a tomar en uno de esos vasos y grande fue mi sorpresa cuando veo al único borracho del local, La Muerte, más o menos conocida para mí.
Tal fue mi admiración de verla tomando sola que no aguanté las ganas de entrar y saludarla: -Hola Peladita, qué dice la tarde. Pero no me contestó, ni siquiera me miró; apenas si y volvió a llenar la copa con la botella y el cuero con la copa (siempre vino). Me extrañó que me fuera tan indiferente y me senté frente a ella a mirarla. Recién entonces se percató bien de mi presencia y, aunque quiso contenerse, se largó a
llorar. Yo no tuve tiempo ni de pensarlo y más que velozmente le ofecí mi hombro, el que aceptó con mucho gusto. Sin duda no era la primera botella de vino que se tomaba...
Luego de una cantidad no despreciable de lágrimas derramadas se calmó y, apurando su vino y volviendo a llenar su copa -y la mía de paso-, me soltó el dobla'o como si se notara que necesitaba desahogarse con alguien: - Estoy tan triste, sabes (¡¿Cómo no iba a saber!?). Desde hace tanto que no paro de llorar, y cada vez que tengo tiempo me arranco a una cantina a tomarme las amarguras (No pude evitar recordar los métodos porteños para borrar odios y rencores, pero esa es otra historia). Y es que ustedes, hombres y mujeres, me han tratado tan mal que ya no soporto mirarlos a la cara.
Por siglos he tenido que escuchar sus quejas, sus fuertes repudios, sus oprobios feroces y... ¡Buen dar el ingenio que saca el humano para inventar improperios!, si tú supieras lo que día a día tengo que escuchar... Es muy triste mi rutina; día a día, tarde a tarde, noche a noche recorro hospitales, casas, calles, observando siempre al humano enfermo para evitarle sufrimientos. Cuántas veces me acerco a la cama de un hospital donde hay un viejito solo, con dolores del Diablo y, mientras duerme, le explico al oído: "Viejito, ya es tarde y estás cansado, tanto te ha dolido tu enfermedad, ya nadie te viene a ver..., vamos, ven conmigo a la casa del Padre, no hay mejor lugar para estar que ahí..." Pero llega el siguiente día (o dos, o tres o más) y empiezan a insultarme los familiares que nunca fueron, o a darme las gracias por quitarle esa molestia, o simplemente, no hay nadie que llore al viejito, nadie que me diga nada; y, sinceramente, no sé´cuál de todas las opciones me da más pena.
Y son muy pocos los sensatos que se paran a pensar y me dicen para adentro: "Gracias, estaba sufriendo mucho y ya necesitaba descansar".
¿Alguna ves te has puesto a pensar cuántos de ustedes me ruegan que venga a buscarlos?, tú ni te imaginas el martirio de escuchar esas voces tristes y cansadas rogándome por hacer algo que no puedo... ¡Qué malagradecida es la gente con la vida de Dios!
Pero sabes lo que más mal me tiene, lo que me hace sentir peor: que me interrumpan de mis visitas a los enfermos, de mis recorridos por las calles buscando gente desamparada, para ir a buscar al que perdió la pelea o la guerra, al niño que violaron o mataron -¡Angelito de Dios!-, para ir a recoger a los que venían en esa máquina que chocó, que se vino a tierra, que se hundió... ¡No hay nada que odie más que el tener que trabajar para ustedes, por sus muertes, humanos!. Yo, yo soy una creatura de Dios, al igual que todos ustedes, ¿Prometió Él acaso la vida eterna terrenal?. Yo también soy su obra, yo también le pertenezco, yo sufro por los que se quedan aquí extrañando a los que me he llevado para allá...No es fácil esta misión, amigo mío, no es fácil, pero nadie dijo alguna vez que lo sería...
-No puedo negar que sus palabras me provocaron mucha pena, nunca me había puesto en su lugar, jamás imaginé lo mal que estaba ni sus motivos para beber. Intenté consolarla explicándole cosas: que el mundo está cambiando, que cada vez el ser humano entiende más la vida y que nos dé tiempo para comprenderla a ella también, que la savia nueva sabemos que no es ella nuestra enemiga, que no importa la cantidad, sino la calidad de la vida.
Una vez en mi casa volví a pensar en esa conversación en la antigua cantina y no sé por qué, pero pensé que lo más probable es que no volvería a ver esa cantina, a lo menos, por mucho tiempo; y hasta ahora, así ha sido...